Sabemos que un buen diseño es algo fundamental a la hora de crear una estrategia: el diseño es la base del producto, el atractivo que impulsa a las personas a interesarse por él. Está claro que un diseño genial sin contenido tampoco tiene sentido, al fin y al cabo, el diseño gráfico no es más que un proceso comunicacional entre dos partes, donde la empresa quiere transmitir un mensaje a un potencial cliente, y nuestro trabajo es reflejar este mensaje de forma clara, práctica y sutil prestando especial importancia al aspecto visual.
Hoy en día, con los tiempos de crisis que vivimos, nos enfrentamos a un consumidor exigente, con las ideas claras y que busca el mayor beneficio para sí, ya no depende únicamente de un diseño o una estrategia sino que va más allá. De ésta idea surge lo que llamamos diseño emocional. La primera vez que escuché este concepto surgía del libro Emotional Design escrito por Donald Norman y era aplicado al diseño industrial o de productos. En él se afirmaba que el principal objetivo del diseño emocional es hacer nuestra vida más placentera.
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