Comunicar es fidelizar, pero solo cuando la comunicación se realice de la forma más adecuada, cuando se traslada el mensaje correcto al cliente indicado en el momento más idóneo y a través del canal o la combinación de canales más efectiva, es decir, los favoritos del cliente.
La atracción del cliente se ha convertido en una guerra permanente que alcanza niveles máximos de exigencia cuando se trata de retener y fidelizar a aquellos clientes de los que ya se goza de su confianza. La necesidad es imperativa en todas las organizaciones y muy especialmente en aquellas las que las comunicaciones alcanzan volúmenes ingentes. Esta tarea se convierte en misión imposible si no se dispone de la tecnología adecuada.




