A finales del mes de mayo se presentó la nueva estrategia de comunicación de Coca-Cola España para conectar con el público más joven, al cual Pepsi le esta ganando terreno y con un presupuesto comparativamente ridículo al lado del empleado por Coca-Cola obtiene resultados inalcanzables por esta última.
Han pasado varios meses desde la puesta en marcha de esta «estrategia para llegar a los más jovenes» y finalmente se han confirmado mis sospechas sobre los resultados que se podían esperar.
La IAB presentó hace ya algún tiempo el Estudio sobre Redes Sociales en Internet elaborado por Elogia Ipsofact, que tiene algunos datos muy interesantes.
Las marcas quieren estar al tanto de lo que pasa con sus clientes en los social media. Para los expertos, la clave está en saber cómo actuar después.
En el universo de las palabras degradadas y versátiles, sin duda alguna el marketing ocupa un lugar notorio. Esta desconfianza comienza en el seno de las organizaciones, que lo convierten en uno de los grandes responsables de los desaciertos empresariales. Desde allí se va extendiendo hasta llegar a la ciudadanía, que confunde marketing con venta o publicidad; incluso entre quienes se desempeñan en el área de comunicación, esta disciplina es ampliamente denigrada.
Las redes sociales son un invento bastante reciente, de la última década, que está revolucionando la forma de navegar por Internet y cambiando nuestros hábitos de forma palpable. Nuestra página de cabecera han dejado de ser el foro de turno para cambiarse por Facebook o Tuenti, nuestros contactos profesionales ya no pasan por portales de empleo, sino por redes sociales profesionales cómo LinkedIn, Xing o Viadeo.
Nadie duda ya de la necesidad de tener un website para su empresa, incluso son muchos los que ya tienen su website personal o blog. No nos extraña que incluso parejas de novios que se van a casar, monten su propio website para colgar las fotos y los videos de su boda y del viaje de novios. Está claro que la tecnología ha cambiado la forma en la que nos relacionamos. El problema es que a veces nos olvidamos de que la tecnología es una herramienta, un medio, y no un fin en sí mismo.